Oscar Daga

nació en Laborde (Córdoba,Argentina), el 6 de Enero de 1954, año en que comenzó la alocada "carrera del espacio". Mientras dos potencias se disputaban el cielo, en un pequeño trozo de esta tierra lejana para los satélites, nacía un niño que pondría sus ojos en la tierra y sus materiales.

Proveniente de una familia perteneciente a la extinta clase media, abandonó su pueblo natal cuando su padre fue trasladado por razones de trabajo a Marcos Juárez. Mientras el Colegio Marista Sagrado Corazón se encargaba de su educación, el arte sólo era un dibujo tenue sobre un trozo de papel.

Luego el trabajo como dibujante en las fábricas de la zona, le dio el conocimiento del manejo de nuevas herramientas y materiales, que sean para el artista como nuevas palabras en su limitado vocabulario de entonces.

Desde allí su paso por las artesanías fue un puente que transitó hasta elevarse por los aires a través de las esculturas que hoy disfrutamos en su Casa-Taller.


 

SITUACIÓN GEOGRÁFICA

Marcos Juárez se encuentra al Sudeste de la Provincia de Córdoba, Capital del Departamento, es un centro comercial e industrial pujante que atrae la mirada de los pueblos de alrededor.

En la calle Urquiza N° 882, se encuentra un novedoso centro de atracción: la Casa-Taller del artista plástico Oscar Daga.

Es una construcción que cuenta con una sala de exposición para las obras del escultor, un patio para el emplazamiento de obras de gran magnitud y un taller donde el artista desarrolla su actividad día a día.

Allí concurren grupos guiados de alumnos de diferentes establecimientos de Marcos Juárez y la región encontrándose -además- abierto al público en general.

RESEÑA DE LA OBRA

Oscar Daga fue creciendo con su obra, atravesando diferentes ejes temáticos. Su escultura es netamente existencial y movilizadora del espíritu humano.

El tiempo, el interior personal, la fuerza femenina creadora, el sentir de América y los americanos, son líneas directrices entrelazadas íntimamente a la utilización de diferentes materiales.

Hoy, su mensaje apunta a despertar nuestras raíces dormidas, y a encender la fuerza modificadora de la realidad que todos tenemos, como partes activas del proceso artístico.

Enfrentarnos a cada escultura nos remite, inexorablemente, a cuestionarnos el accionar cotidiano y a explorar nuestras emociones más profundas.

Cada material representa un estado del alma, lugar donde el artista quiere llevarnos para que –en definitiva- nos encontremos y así, su obra se signifique.